Historia

RESEÑA HISTORICA

Valdepiélagos surgió entre la conquista de Toledo y la concesión del Fuero en 1223. Aquella aldea debió ser en principio de colonos ganaderos que podían huir al monte cuando se sucedían las razias. Según se afianzaba el poder cristiano a este lado del Sistema Central, estas aldeas se asentaron y empezaron a cultivar la tierra, así surgió Valdepiélagos, como otras muchas aldeas.

Esta última fecha tiene su importancia por ser la primera vez que Valdepiélagos aparece mencionado en un documento, siendo éste un privilegio de Juan II fechado el 22 de julio de 1420 que confirma otro de 15 de marzo de 1335. Lo más lógico sería que su fundación datase del momento en que los reyes cristianos repoblaron estas tierras tras la Reconquista. A Talamanca se la dotó de un fuero y un extenso término que dependía de ella para su mantenimiento. En este perímetro fueron apareciendo poco a poco casas de labor que se irían convirtiendo en pequeñas granjas y posteriormente en reducidas aldeas. Una de ellas debió de ser Valdepiélagos, y así parece confirmarse en las Relaciones Topográficas mandadas hacer por Felipe II hacia 1590, en la que se puede leer respecto a Talamanca: “La dicha villa de Talamanca tiene tres aldeas que son Zarzuela, Valdepiélagos y Alalpardo, que todas tienen como  vecinos, y la una está dos leguas de Talamanca, que es Alalpardo, y otro tanto Zarzuela, y Valdepiélagos media legua”.

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El privilegio de Juan II, dado en Valladolid el 22 de julio de 1420, y que hemos mencionado anteriormente, se encuentra guardado en el Archivo Histórico Nacional y vincula a Valdepiélagos con los Laso de la Vega. En él se confirma a favor de Doña Leonor de la Vega, hija de Garcilaso de la Vega y sobrina de Gonzalo Ruiz de la Vega, otro privilegio otorgado por Alfonso XI en León en marzo de 1335. En este último privilegio se hacía merced “por juro de heredad para siempre jamás” a Gonzalo Ruiz, su vasallo, en recompensa de los muchos servicios prestados, de “los dineros que su majestad había y debía haber en todos los lugares de Valdepiélagos y de todas las otras cosas que le pertenecían haber en dichos lugares para que fueran del dicho Gonzalo Ruiz y de los que vinieran por su juro de heredad”. Dicho documento de confirmación fue solicitado por la interesada y mandado a todas las justicias y oficiales de la Corte para que velaran por el cumplimiento de la merced otorgada.

En el citado año de 1335, la aldea de Valdepiélagos era un señorío jurisdiccional eclesiástico que tenía como Señor al Arzobispo de Toledo, y además estaba adscrita a la Comunidad y Tierra de Talamanca, de la que era aldea. En esta situación llegó hasta 1574, fecha en que, para obtener fondos Felipe II, solicitó del Papa Gregorio XIII una bula para sacar algunos territorios de los señoríos eclesiásticos, entre ellos los de Talamanca y sus tierras que pertenecían al arzobispado. En 1575 se vende el señorío jurisdiccional de Talamanca al Marqués de Auñón, por lo que pasa a ser también Señor de Valdepiélagos, aunque por muy poco tiempo, porque diez años después, en 1585, se vuelve a vender el señorío a García de Alvarado. En esta familia recae el señorío durante casi un siglo, hasta que en 1669 cambia nuevamente de manos para pasar a los Duques de Béjar, en donde quedó hasta que fueron abolidos definitivamente los señoríos a principios del siglo XIX.

Valdepiélagos no sólo tenía dependencia del señor jurisdiccional, sino también del consejo de la Villa de Talamanca. Según fueron pasando los siglos, la Villa de Talamanca fue perdiendo poderío, por lo que poco a poco las aldeas que le pertenecían fueron escapando de su jurisdicción y comprando el estatus de Villa. Mucho tardó en llegarle a Valdepiélagos su oportunidad, queriendo liberarse de tuvo que esperar hasta el 3 de mayo de 1801 para que el rey Carlos IV le entregase el tan ansiado título de Villa, eximiendo a Valdepiélagos de la jurisdicción de Talamanca, y haciéndola “Villa de por sí y sobre sí, con jurisdicción civil y criminal”.

En todo este proceso de liberarse de Talamanca, Valdepiélagos se vio respaldado por su dueña, la Duquesa de Béjar, la cual tenía la potestad de nombrar a los alcaldes mayores y ordinarios. La inhibición y deslinde del término se realizó el 8 de mayo de 1801, dándosele la posesión de villazgo el día 13 de mayo del mismo año y efectuándose los padrones para el reparto de las contribuciones el 17 del mencionado mes.

Como signos externos que simbolizaban la posesión de jurisdicción propia, la mueva Villa de Valdepiélagos se apresuró a colocar la horca, para ajusticiar a los plebeyos; la picota para exhibir la cabeza de los ajusticiados; y el cuchillo, que en sentido figurado era derecho que tenía la villa para gobernar, castigar y hacer cumplir las leyes. Estos símbolos se fijaron en el Cerro de la Dehesa, mirando al mediodía, frente a la Iglesia Parroquial. El motivo de ponerlos aquí, a la entrada de la población, radicaba en que era el mejor lugar del pueblo para ser observados por todo el mundo, y así al colocar en la picota la cabeza del ajusticiado, servía como ejemplo y advertencia para propios y extraños.

Pocos años después, el municipio queda incorporado al territorio nacional al ser abolidos todos los señoríos por las Cortes de Cádiz, pasando desde este momento a pertenecer a la provincia de Guadalajara hasta que, en 1833, entra a formar parte de la provincia de Madrid en virtud de la reestructuración provincial llevada a cabo por Javier de Burgos.

*Plano de Valdepiélagos de 1870 (ign.es)